LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

19
Jul

(MATEO 13:1-9 a 18-23)

La parábola del sembrador que se encuentra en Mateo 13:1-9 y su explicación en Mateo 13:18-23 Jesús inicia su tercer sermón. Es la primera de las series de 7 parábolas que el Señor Jesucristo dirigió a su pueblo, de algunas de estas parábolas Jesús dio su interpretación, pero de la mayoría dejó al entendimiento de sus interlocutores la interpretación. Pudiéramos adelantarnos y decir que la verdad central de esta parábola.

I. LA SEMBRADA JUNTO AL CAMINO (Mt. 13:4, 19) 

  1. LOS QUE OYEN EL MENSAJE Y NO LO ENTIENDEN
    1. Estos son los primeros que identifica Jesús en esta parábola, de los cuales también habló al referirse al propósito de las parábolas. Son los que tienen el corazón endurecido por causa del pecado y no aceptan la Palabra de Dios con un corazón dispuesto a dar fruto para la Gloria de Dios.
    2. Estos son semejantes al terreno que se endurece por causa de las pisadas de aquellos que caminan por el trillo que se deja entre sembrado y sembrado. Estos no le prestan atención al mensaje porque no tienen ningún interés en él.
    3. Estos son aquellos que el mensaje les entra por un oído y les sale por el otro, son aquellos que oyen la palabra por curiosidad, por rutina o por acompañar a otros, pero sin ningún deseo de sacar provecho para su propia vida. 
  2. LOS QUE PERMITEN QUE EL MALIGNO LE ROBE LO QUE CAYÓ EN SU CORAZÓN
    1. Estos oyentes distraídos, poco interesados en lo que oyen, son fácil presa para Satanás, el cual, como gran homicida de las almas, es también ladrón de la semilla que los predicadores llevan al corazón de los oyentes.
    2. En estos corazones la semilla está a flor de tierra, no ha penetrado, el terreno está endurecido y no hay preocupación para que la semilla penetre o sea protegida, es por esto que Satanás aprovecha para, sin mucho esfuerzo, poder tomar lo que fue sembrado y llevársela lejos.
    3. Con esta acción él se asegura que esta persona no tenga contacto con lo que Dios quiere para su vida y al mismo tiempo evita que alguna raíz pueda penetrar en algún surco en el terreno endurecido y convertirse en un árbol que de fruto. Satanás no quiere esto de ninguna manera. 

II. LA SEMBRADA EN PEDREGALES (Mt. 13:5, 6 ,21)

  1. LOS QUE RECIBEN BUENA IMPRESIÓN DE LA PALABRA, PERO ESTAS IMPRESIONES SON DE CORTA DURACIÓN.
    1. OYERON LA PALABRA: Estos llegan a oír la palabra, lo que nos indica que no le volvieron la espalda, ni le cerraron los oídos, pensaron que con tan solo prestar atención al mensaje podían entrar al cielo. 
    2. LA RECIBIERON AL MOMENTO (v. 20) – LA SEMILLA BROTÓ PRONTO (v. 4): Estos son personas de características muy particulares, al punto tal de que manifiestan su euforia mucho antes que cualquier otra persona, aún que las que caen en buen terreno. Los hipócritas, así como los propensos a emociones súbitas, son los que representan esta clase de corazones. Son los que muchas veces avergüenzan a muchos creyentes verdaderos porque comen sin masticar, pero al tiempo se ve su mala digestión. 
    3. LA RECIBIERON CON GOZO: Como podemos notar, estas personas manifiestan una euforia poco común, quedan encantados con el mensaje, son aquellos que hablan maravillas del predicador, pero solo se quedaron en la degustación, no permiten que la palabra pase de la boca al interior.
    4. LA RETIENEN POR ALGÚN TIEMPO: Como podemos notar, esta clase de persona permanece en la iglesia por algún tiempo, no toman la decisión de irse de inmediato porque todavía no se les ha pasado la euforia (Lc. 8:13; Gal. 5:7).
  2. LOS QUE NO TIENEN RAÍZ EN SÍ MISMOS
    1. Estos “CREYENTES” nunca adquieren convicción de lo que creen, pues su profundidad es muy poca, es por esto que el Señor los compara con aquella semilla que cayó en pedregales, pues allí hay poca tierra.
    2. Tenemos que saber que el elemento vital de una planta es la raíz, ella es la que le lleva la sabia a todas las partes de la planta, ella es la que recoge el alimento que le nutrirá por toda la vida mientras esté dando fruto, además que es el elemento que sirve de soparte para que la planta no caiga.
    3. Este tipo de persona nunca llega a afianzarse en sus convicciones porque en ella solo prima la emoción y lo superficial, aquello que externamente produce algún sentimiento de euforia religiosa.
  3. LOS QUE TROPIEZAN FRENTE A LA AFLICCIÓN O PERSECUCIÓN POR CAUSA DE LA PALABRA
    1. El texto nos dice que estos son los que, al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego TROPIEZAN. Debemos recordar lo que la vida nos advierte: “Después de la montaña vienen los valles” y estos para poner a prueba la sinceridad de aquellos que dicen creer.
    2. Cuando llega el momento de la prueba, los que no tienen raíz en si mismos al ver la aflicción o persecución por causa de la palabra se ofenden o tropiezan, escandalizándose de lo que el evangelio les ha traído.
    3. EL SOL es aquí el elemento que el Señor usa para identificar el momento de la prueba (Ap. 7:16). Es el sol el que derrite la cera de la estatua adulterada, es el sol que sustenta lo que está bien enraizado (sin sol no habría vida, las plantas florecen solo con el sol) pero también es el que seca lo que no tiene raíz. Asimismo, la aflicción sacude a unos y refuerza a otros (Fil. 1:12).  “Una profesión de fe hecha con poca reflexión, suele ser de corta duración, se desvanece tan de prisa como se hizo”. 

III. LA SEMBRADA ENTRE ESPINOS (Mt. 13:7, 22)

  1. LOS QUE AL RECIBIR LA PALABRA NO HAN LIMPIADO SU TERRENO
    1. Jeremías 4:3 nos advierte de la práctica que tienen algunas personas que se disponen a la siembra y no limpian el terreno donde van a sembrar la semilla.
    2. Este tipo de personas quieren llenarse de la Palabra de Dios sin permitir anteriormente, que Dios le limpie su corazón de tantas ataduras que ha tenido en su vida.
    3. Es necesario que se entienda que no podemos sembrar donde ya ha sido sembrado, porque cualquier siembra, por más débil que sea afectará el crecimiento de la nueva semilla. 
  2. LOS QUE SE DEJAN AHOGAR POR LOS AFANES
    1. Mateo 13:22 declara: “El afán de este siglo y el engaño de las riquezas”. Lucas 8:14 declara: “Los afanes, las riquezas y los placeres de la vida”.
    2. Estas dos listas las podemos simplificar con la frase “El afán de este siglo” es decir las preocupaciones mundanas.
    3. Con gran propiedad el Señor comparó los afanes de este mundo con los espinos, puesto que estos: Punzan, enredan, arañan, lastiman, atan y entorpecen, de tal manera que llegan a cauterizar al punto de no permitir que haya sensibilidad a la influencia de la gracia salvadora.
    4. El destino de estos es el fuego eterno. Leamos Hebreos 6:8 que dice: “Pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”. Está claro que las preocupaciones mundanas son un gran estorbo para el aprovechamiento de la palabra de Dios y el consiguiente crecimiento espiritual. (Recordemos cuando Jesús dijo: MARTA, MARTA. (Lc. 10:41).
  3. LOS QUE SE DEJAN AHOGAR POR EL ENGAÑO DE LAS RIQUEZAS Y LOS PLACERES DEL MUNDO 
    1. A veces es penoso ver cómo la gente se afana, y como permite que las riquezas sean un fin en su vida y no un medio para subsistir.
    2. Las riquezas no son malas, las que son malas son las intenciones de nuestros corazones, ya que Dios nos enseña que podemos ser ricos sin dejarnos engañar por las riquezas, también nos enseña que podemos vivir en este mundo sin dejarnos dañar por los afanes de esta tierra y mucho más por los placeres mundanos, si es que queremos agradarle a El (I Ti. 6:8-10 y 17-19).
    3. Debemos recordar que los placeres del mundo vienen cuando el corazón está minado por deseos mundanos, y nos llevan a obtener riquezas para satisfacer solo a nuestra carne. Recordemos que los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida van en contra de nuestro amor a Dios (1 Jn. 2:15-17).

IV. LA SEMBRADA EN BUENA TIERRA (Mt. 13:8, 23) 

  1. LOS QUE PREPARAN SU CORAZÓN PARA RECIBIR LA SEMILLA
    1. Estos oyen y entienden la Palabra, lo cual evidencia que tienen una disposición decidida a oír y retener el mensaje que los llevará a la salvación de sus almas.
    2. Podemos recordar las palabras de Nehemías 8:8 cuando dice: “Y leían el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”. Lo que nos indica que solo aquellos que ponen de su parte para estar atentos al mensaje, son los que forman parte de este grupo de privilegiados oyentes.
    3. Es evidente que una persona que quiera recibir la semilla para darle albergue permanentemente es una persona que tiene que mantener un interés constante en las cosas de Dios como un comerciante pone interés en sus negocios. 
  2. LOS QUE DAN FRUTO
    1. Evidentemente que aquel que prepara su corazón para que la semilla caiga en buena tierra cuando es sembrada, logrará una raíz fuerte y permanente, y de igual manera obtendrá un fruto abundante.
    2. Estos podemos también catalogarlos de creyentes fructíferos, pues dan fruto, lo cual es una evidencia de su buen entendimiento y de sus firmes convicciones espirituales.
    3. Es también una realidad que solamente dará fruto aquel que pone por obra la palabra oída y sembrada ya que de nada sirve recibir la palabra y no ponerla por obra esto no tendrá ningún fruto espiritual. 
  3. LOS QUE SE MULTIPLICAN EN CALIDAD
    1. Estos producen fruto: Unos, a ciento, otros, a sesenta y otros a treinta. Entre los verdaderos creyentes, unos producen más fruto que otros, o porque recibieron mayores gracias, o porque utilizan mejor las que recibieron.
    2. Estos darán fruto diferente en cantidad, pero de igual calidad, ya que este fruto está establecido por el Espíritu de Dios (Ga. 5:22-23).
    3. Estamos en que los discípulos de Cristo no están en la misma sección, sino que cada uno ha sido colocado en una parte diferente del cuerpo, pero si cada uno se preocupa de que su suelo sea bueno, entonces el fruto de cada uno, aunque diferente en cantidad, será de igual manera sano y abundante en calidad. 

CONCLUSIÓN Y APLICACIÓN: 

Jesús cierra la parábola con una llamada solemne de atención: “El que tiene oídos para oír, oiga” (v. 9). 

Oremos para que todos podamos lograr ese fruto para el cual hemos sido sembrados.

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